(Jueves después de Pentecostés)
Cristo, Mediador de una Nueva
Alianza, como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa.
Iurávit Dóminus et non paenitébit eum: Tue es sacerdos in aetérnum secúndum órdinem Melchísedch.
Oremos:
¡Oh Dios!, que para gloria tuya y salvación del
género humano constituiste a tu Hijo único Sumo y Eterno Sacerdote; concede, a
quienes él eligió para ministros y dispensadores de sus ministerios, la gracia
de ser fieles en el cumplimiento del ministerio recibido.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
El fue traspasado por nuestros
crímenes
Lectura del libro del profeta
Isaías
52, 13-15; 53, 1-12
He aquí que mi siervo tendrá
éxito, crecerá y llegará muy alto. Lo mismo que muchos se horrorizaban al
verlo, porque estaba tan desfigurado que no parecía hombre ni tenía aspecto
humano, así asombrará a muchas naciones. Los reyes se quedarán sin palabras al
ver algo que nunca les habían contado y comprender algo que nunca habían oído.
¿Quién creyó nuestro anuncio? ¿A quién se manifestó el poder del Señor? Creció
ante el Señor como un retoño, como raíz en tierra árida. No tenía gracia ni
belleza para que nos fijáramos en él, tampoco aspecto atractivo para que lo
admiráramos. Fue despreciado y rechazado por los hombres, abrumado de dolores y
habituado al sufrimiento; como alguien a quien no se quiere mirar, lo
despreciamos y lo estimamos en nada.
Sin embargo, él llevaba nuestros sufrimientos, soportaba nuestros dolores.
Nosotros lo creíamos castigado, herido por Dios y humillado, pero eran nuestras
rebeldías las que lo traspasaban, y nuestras culpas las que lo trituraban.
Sufrió el castigo para nuestro bien y con sus heridas nos sanó.
Andábamos todos errantes como ovejas, cada uno por su camino, y el Señor cargó
sobre él todas nuestras culpas. Cuando era maltratado, él se sometía, y no
abría su boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador,
enmudecía y no abría su boca.
Sin defensa ni juicio se lo llevaron, y ¿quién se preocupó de su suerte? Lo
arrancaron de la tierra de los vivos, lo hirieron por los pecados de mi pueblo;
lo enterraron con los malhechores, lo sepultaron con los malvados, aunque él no
cometió ningún crimen ni hubo engaño en su boca.
Pero el Señor quiso quebrantarlo con sufrimientos. Y si él entrega su vida como
expiación, verá su descendencia, tendrá larga vida y por medio de él,
prosperarán los planes del Señor. Después de una vida de amarguras verá la luz,
comprenderá su destino. Mi siervo, el justo, traerá a muchos la salvación
cargando con las culpas de ellos.
Por eso, le daré un puesto de honor entre los grandes, y con los poderosos
participará del triunfo, por haberse entregado a la muerte y haber compartido
la suerte de los pecadores. Pues él cargó con los pecados de muchos e
intercedió por los pecadores.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 39, 6.10-11
Aquí estoy, Señor, para
hacer tu voluntad.
Ecce vénio, Dómine, ut fáciam voluntátem
tuam.
¡Cuántas maravillas has hecho,
Señor Dios mío! ¡Cuántos proyectos para nosotros! ¡No hay nadie como tú! Yo
quisiera contarlos, publicarlos, pero son innumerables.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Ecce vénio, Dómine, ut fáciam voluntátem
tuam.
He proclamado tu fidelidad en
la gran asamblea; tú sabes, Señor, que no me he callado. No he ocultado tu
fidelidad en el fondo de mi corazón, proclamé tu lealtad y tu salvación, no
oculté tu amor en la gran asamblea.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Ecce vénio, Dómine, ut fáciam voluntátem
tuam.
Con una sola ofrenda hizo
perfectos para siempre a los que ha santificado
Lectura de la carta a los
Hebreos
10, 12-23
Hermanos: Cristo no ofreció más
que un sacrificio por el pecado, y se sentó para siempre a la derecha de Dios. Unicamente espera que Dios ponga a sus enemigos como
estrado de sus pies. Con está única ofrenda ha hecho perfectos de una vez para
siempre a quienes han sido consagrados a Dios. Es lo que también nos atestigua
el Espíritu Santo, pues después de haber dicho:
Esta es la alianza que yo haré con ellos después de aquellos días, dice el
Señor: pondré mis leyes en sus corazones y las escribiré en sus mentes.
Añade:
Y no me acordaré más de sus pecados ni de sus iniquidades.
Ahora bien, cuando los pecados han sido perdonados, ya no hay necesidad de
ofrenda por el pecado.
Así pues, hermanos, ya que tenemos libre entrada en el santuario gracias a la
sangre de Jesús, el cual inauguró para nosotros un camino nuevo y vivo a través
del velo, es decir, de su cuerpo, y ya que tenemos un gran sacerdote en la casa
de Dios, acerquémonos con corazón sincero, con plena confianza, purificando el
corazón de todo mal de que tuviéramos conciencia, y lavado el cuerpo con agua
pura. Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, pues quien nos ha
hecho la promesa es digno de confianza.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
He aquí mi siervo, en quien me apoyo, en el que se complace mi alma. He puesto
mi espíritu sobre él, traerá la ley a las naciones.
Ecce servus meus,
suscípiam eum; eléctus meus, complácuit
sibi in illo ánima mea: dedi spíritum
meum super eum, iudícium géntibus
próferet
Aleluya.
Hagan esto en memoria mía
† Lectura del santo Evangelio según
san Lucas
22, 14-20
Gloria a ti, Señor.
Llegada la hora, Jesús se sentó a la
mesa con sus discípulos. Y les dijo:
"¡Cómo he deseado celebrar esta pascua con ustedes antes de morir! Porque
les digo que no la volveré a celebrar hasta que tenga su cumplimiento en el
reino de Dios".
Tomó entonces un cáliz, dio gracias y dijo:
"Tomen esto y repártanlo entre ustedes; pues les digo que ya no beberé del
fruto de la vid hasta que llegue el reino de Dios".
Después tomó pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo:
"Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes; hagan esto en memoria
mía".
Y después de la cena, hizo lo mismo con el cáliz diciendo:
"Este es el cáliz de la nueva alianza sellada con mi sangre, que se
derrama por ustedes".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Acudamos hermanos y hermanas, a Cristo, a quien Dios ha puesto como instrumento
de propiciación y ha constituido sacerdote y justificador de cuantos creen en
él:
(Respondemos a cada petición: Escúchanos, Señor).
Para que el Hijo de Dios, Sumo y
Eterno Sacerdote de la nueva alianza, conceda a los obispos y presbíteros ser
predicadores humildes y valientes de la Palabra divina y administradores fieles
de los sacramentos de la Iglesia, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que Cristo, constituido
sacerdote de los hombres para en todo aquello que tiene referencia a Dios, con
su intercesión conduzca a la humanidad al conocimiento y al amor del Padre,
roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que Cristo, sacerdote capaz de
ser indulgente con los que pecan, pues él mismo experimentó nuestra debilidad,
interceda por los pecadores y por los que yerran, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que los que han sido elegidos
y consagrados para hacer visible y presente a Cristo, cabeza de la Iglesia,
realicen con fidelidad la misión recibida, y todos sepamos verlos como imagen
de Cristo, sacerdote, maestro y pastor, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Señor Jesucristo, que has querido ser sacerdote en favor de la humanidad y has
establecido que tu misión sacerdotal fuera ejercida por aquéllos que tú mismo
has elegido y consagrado por la imposición de la manos, concede a los obispos y
presbíteros realizar con fidelidad la misión que les has confiado; y haz que
todos nosotros sepamos descubrir en su ministerio tu presencia santificadora y
tu intercesión constante en favor de toda la humanidad. Tú, que vives y reinas
por los siglos de los siglos.
Amén.
Jesucristo, nuestro Mediador, te haga
aceptables estos dones, Señor, y nos presente juntamente con él como ofrenda
agradable a tus ojos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
santo, Dios todopoderoso y eterno.
Que constituiste a tu único Hijo Pontífice de la Alianza nueva y eterna por la
unción del Espíritu Santo, y determinaste, en tu designio salvífico,
perpetuar en la Iglesia su único sacerdocio.
El no sólo ha conferido el honor del sacerdocio real a todo su pueblo santo,
sino también, con amor de hermano, elige hombres de este pueblo para que, por
la imposición de las manos, participen de su sagrada misión.
Ellos renuevan en nombre de Cristo el sacrificio de la redención, preparan a
tus hijos el banquete pascual, presiden a tu pueblo santo en el amor, lo
alimentan con tu palabra y lo fortalecen con tus sacramentos.
Tus sacerdotes, Señor, al entregar su vida por ti y por la salvación de los
hermanos, van configurándose a Cristo, y han de darle así testimonio constante
de fidelidad y amor.
Por eso, nosotros, Señor, con los ángeles y los santos, cantamos tu gloria
diciendo.
[Misa]
Sepan que yo estoy con
ustedes todos los días hasta el fin del mundo, dice el Señor.
Hoc Corpus, quod pro vobis
tradetur; hic calix novi testaménti est in meo Sánguine,
dicit Dóminus. Hoc fácite quotiescúmque
súmitis in meam commemorationem.
Oremos:
La Eucaristía que hemos ofrecido y recibido nos dé la vida, Señor, para que,
unidos a ti en caridad perpetua, demos frutos que siempre permanezcan.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
.